Me encanta escuchar accidentalmente conversaciones de otras parejas, de forma ocasional, al cruzarme por las aceras o en las terrazas de los cafetines, mientras disfruto del aroma humeante de un intenso café tomado a pequeños sorbos al sol de media mañana. Sí, son conversaciones robadas, intuidas, encontradas “in media res”, como dirían los novelistas. Muchas, la gran mayoría, triviales. Pero en ocasiones encuentras joyas, fragmentos de la vida de ajenos convertidas en píldoras que me despiertan bruscamente un inusitado interés que me hace imaginar, fantasear sobre las partes que me faltan para completar la historia.
En uno de estos asaltos a la intimidad pública de la terraza del bar, escuché en un insinuante susurro de la mujer sentada justo a mi espalda, una palabra que agarró con fuerza mi atención para dejarla atada al respaldo de mi silla: shibari.

Sonó débil, suave, musitado… Sin verla, sin atreverme a girar ni tan siquiera una pizca la cabeza para no delatar mi osadía, imaginaba el deslizante movimiento de sus labios pronunciando tal vocablo: shibari.
De repente, un torrente desbocado de aire llenó mi pecho despertando en mi mente. Se me abrieron los ojos y me quedé quieta, inmóvil para acabar de robar la conversación. ¡Ah! ¡Ja! ¡Sé de qué estás hablando! ¡Y me gusta! El resto del relato es… más reservado, digamos. Pero lo importante del caso, es que me recordó una técnica compleja pero excitante de la que hoy os quiero hablar.

¿Tú sabes qué es el shibari? ¿Sí? ¿No?

Se trata de una técnica sexual venida del antiguo Japón, que cuando se desarrolló allá por el 1600, no tenía un uso sexual, pero hoy triunfa entre las parejas occidentales y pertenece al mundillo tan fetichista como la dominación y la sumisión. Te invito a seguir leyendo porque estoy seguro que te interesará conocer todas las peculiares de esta técnica sexual que mezcla deseo, arte, sadismo, sumisión y mucha, mucha cuerda.
Vayamos por partes. Este no es un artículo especialmente dirigido a expertos en este arte, ni siquiera para iniciarse, diría yo. Pretendía más bien ilustrar aquellas parejas que no conocen estas técnicas, este mundo que, en realidad, une de forma magistral diversas pasiones, gustos y pulsiones. Y hay que reconocer la innegable belleza en las ataduras, los nudos, los patrones… la estética que imprimen en todo el proceso, tanto el dominante como el sumiso, la ceremonia que supone, la entrega de la pareja y el grado de confianza que hay en todo buen shibari.

¿En qué consiste en shibari?

El shibari, llamado también por los más profanos bondage japonés (donde sin duda me incluyo), deriva de un arte marcial del período Edo (a partir de 1600) cuyo objetivo era inmovilizar con los recursos que se disponía, cuerdas y palos, a los detenidos, enemigos o bandidos. Se dice que este arte marcial inicia el shibari, que la gran mayoría traduce algo así como “restricción”. Algunos también utilizan el término kimbaku que viene a significar “atar fuerte” aunque el primero es más frecuente en occidente.
Básicamente el shibari se basa en el placer que supone atar al otro, inmovilizarlo hasta el punto de no permitirle ni la menor contorsión provocada por los orgasmos más intensos. Es el placer de atar con una complejidad estudiada, deliciosamente maquiavélica, elaborando cada paso, cada uno de los innumerables nudos, calculando el efecto de cada lazada que pasa por los recodos más deseados, más íntimos del otro.
El placer también de ser atada o atado, de ofrecerte al otro, de esperar paciente mientas sientes la presión de las cuerdas, la imposición física de una postura. El placer que provoca el sufrimiento por la espera de lo que irremediablemente llegará: las caricias, las cosquillas a las que no vas a poder negarte, los roces, los azotes…

Mujer atada sobre mesa

 

Los seguidores de esta práctica insisten en su carácter de medio, de camino, no de fin. La inmovilización no es el objetivo en sí, sino una forma de alcanzar otras sensaciones. No se trata de dominar y ser dominado, sino llegar a ello a través de una experiencia mitad sexual y mitad estética, donde el cuidado por el resultado formado por las cuerdas y los nudos, por el aspecto erótico y artístico del trabajo forman parte de lo excitante y morboso.

Tal es el grado de fascinación que provoca estas prácticas que se ha generado una comunidad alrededor, con maestros y seguidores, con seminarios organizados, con performance y shows de ahondan en estas deliciosas fantasías que unen arte y sexo.
Y ¿por qué tenemos estas fantasías? ¿Es malo tener fantasías en las que te dominen? ¿Eres menos fuerte si te excita sentirte dominada? Es depende cómo quieras que sea. Depende única y exclusivamente de ti. A veces puede resultar incluso liberador, porque estar sometida te da licencia, permiso para hacer lo que de otra manera no propondrías o incluso reprimirías. No hace mucho leí un artículo interesante en el blog de la reconocida sexóloga Sylvia de Béjar al respecto de esta cuestión, en el que daba respuesta una pregunta planteaba una lectora la cual disfrutaba con fantasías en los límites de las prácticas establecidas como habituales o correctas dentro de la sociedad, pero le angustiaba un sentimiento de culpa que Sylvia despeja muy inteligentemente:

¿Qué ocurre cuando imaginamos que un varón nos domina, nos maltrata, nos obliga a hacerle una felación o nos penetra a la fuerza? Básicamente que nos permitimos hacer algo que deseamos sin ser responsables de ello y, por lo tanto, sin ir en contra de nuestra buena educación. Así no nos sentimos culpables. En definitiva, no le des más vueltas: si tus fantasías te excitan y no dañan a nadie, no sufras ni te culpabilices.

¿Cómo practicarlo?

No creo que nadie empiece a practicar esta técnica y sepa, disfrute o entienda su significado con un “porque sí, lo he aprendido yo misma”. No es algo instintivo, primario. Todo lo contrario, es sofisticado, retorcido, complejo. Puede atraerte fuertemente, intrigarte, excitarte, empujarte y arrastrarte pero algo tan íntimo con tu pareja, no se prueba un día para ver si sale.
De hecho, atar o ser atada es lento, pausado, es doloroso en algún momento. Puede que tardes 20 minutos o más en conseguir un trabajo hermoso con las cuerdas. Lo que se busca es formar composiciones a veces simétricas, con patrones de nudos que se
Hay una gran comunidad, con seminarios y shows para grupos, para conocer e iniciarse, con grandes maestros en este arte, donde descubrir el placer que te puede provocar atar a tu pareja y dominarle, o bien dejarte hacer.

Hombre atadura bondage ssuspensión

 

Escucha esta entrevista del programa Feticheando a Antonio y Nicole, expertos españoles en las artes del shibari. Resulta interesante e instructivo.

Os enlazo también uno de los vídeos de estos shows , en este caso de Hikari Kesho y Barkas, donde veréis como se mezcla la dominación, la expresión artística, la sumisión, la excitación y la estética. Un cóctel denso, provocativo y fantástico .

¿Tiene riesgos practicar shibari?

No tiene riesgos siempre que sepáis qué extasis haciendo. De lo contrario claro que puede tenerlos y en especial si cometemos imprudencias o utilizamos elementos para suspender que sean inestables o peligrosos.
Por eso os aconsejo que no profundicéis solos en el tema, que busquéis información, libros, expertos, comunidades o grupos. En la red circula un decálogo de seguridad del atado, un manual de buenas costumbres y usos para los amantes de las cuerdas.

Mujer atada sobre cama

¿Qué materiales necesitas?

Cuerdas.

Oíste la entrevista a Antonio y Nicole. Son como los hilos de los teléfonos de vaso de plástico de los juegos infantiles: conectan varios puntos. Puedes encontrar en cualquier sitio a tu alrededor, en la ferretería del barrio; podéis mirar y elegir entre los dos el grosor, la dureza, la textura, sin que nadie sepa nada, ajenos a vuestros deseos. Yo te puedo ofrecer algunas cuerdas de seda para restricción, más sofisticadas, con otro tracto, pero firmes, resistentes, fuertes….

Si por el contrario, os da mucha pereza y buscáis algo más rápido, algo más impulsivo, algo más a la española aquí te pillo y aquí te ato, no os preocupéis que tenemos solución para todo: disponéis de kits de restricción de cama, arneses o barras que podéis guardar en vuestra cajita de pasión.
Mirad los  links que os he dejado atados y bien atados. No olvidéis suscribiros para que os avise de más artículos como éste. Compartid en las redes sociales, con los botones que encontrareis más a bajo y daos una vueltecilla por la tienda que encontrareis muchas ideas para hacer crecer vuestra pasión. Si os gusta la fotografía erótica sugerente y de tema BDSM, visitad nuestro tablero en Pinterest “Disfruta la fusta“. ¿Chulo, eh?

¡Hasta pronto pareja!

 

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